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21 de Julio, 2008

Ellas son mis mamás
Adopción gay
(Por Yamandú Lasa - Gonzalo Linares)

Nuestro país está dando notorios pasos en pro de la apertura frente a la diversidad sexual. La media sanción en el Senado a favor de la adopción por parte de parejas homosexuales es otra muestra de ello.

Si bien hasta ahora, cualquier individuo mayor de determinada edad, sin importar su opción sexual podía adoptar a un menor, éste, no gozaba de los mismos derechos que el resto de los adoptados por una familia constituida.

Recordemos que Uruguay fue el primer país en reconocer la Unión Concubinaria a escala nacional dentro de América Latina, esto fue el primer gran paso que dio nuestro país, abriéndose cada vez más a la inclusión de la diversidad sexual en los temas que importan a toda la sociedad.

A estas iniciativas y propuestas inclusivas, siempre surgen entidades o instituciones que se oponen y lo consideran erróneo.

Dicen que en Uruguay somos tres millones de expertos, que opinamos de todos y de todo, hasta de “la vida de la langosta”. Esta vez vuelve a repetirse esta idea, pero debemos ahora pensar y opinar de nosotros mismos. Debemos saber cuáles son nuestras prioridades, y cuál será nuestra reacción.

Ver a un niño ir a la escuela de la mano de sus papás o de sus mamás, depositar o no su mirada en ellos. Juzgar si lo que queremos es seguir reproduciendo modelos de familia tradicionales, o abrirnos a la realidad y reconocer diversos estilos de vida.

Pensar si la opción sexual de los padres infiere directamente en la felicidad de un niño, o si lo que influye es la discriminación que éste puede vivir en la sociedad. Si es así, el problema no estaría en los nuevos conceptos de familia, sino en nosotros.

El argumento de que la opción sexual de un niño está condicionada para aquellos niños con padres gays, no tiene demasiados fundamentos. Con esa lógica, estamos de acuerdo que todos somos hijos de personas “heterosexuales” y la homosexualidad no existiría. También estamos de acuerdo en que ser gay o hetero, no asegura una buena calidad de vida para el niño, sino las condiciones en las que éste crezca.

Lo cierto es que debemos conocernos a sí mismos para luego opinar e incluir. Estar a favor o en contra implica comprometerse de algún modo con la sociedad en que vivimos, y ser concientes que estamos siendo parte de un cambio social que está haciendo historia.

Alguien tendrá que dar el primer paso en adoptar, y nosotros tendremos la responsabilidad de incluir y aceptar esta adopción para que estos niños crezcan felices.

El debate esta abierto. Es hora de comenzar a pensar qué pesa más en nosotros al momento de aceptar o rechazar la adopción homosexual, ¿nuestros preconceptos o una vida digna para los niños?

Los invitamos a opinar al respecto.

 

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